Con el extraño título Metamorfosis de un cordero, encontramos un poemario confesional de largo aliento que articula un recorrido vital claro: una infancia marcada por la precariedad y el abandono; la irrupción de la violencia sexual; el conflicto identitario; las relaciones afectivas atravesadas por el miedo y, finalmente, un proceso de toma de conciencia y reconstrucción. El eje más relevante —y el más impactante— es la exposición directa del abuso sexual infantil, tratado sin eufemismos ni refugio metafórico. Esa decisión formal y ética atraviesa todo el libro y lo convierte en un texto incómodo, pero necesario, que se aleja de la poesía intimista complaciente.
María Nové es la autora de este poemario. Nació precisamente un Día del Libro, el 23 de abril, una fecha simbólica para quien acabaría encontrando en la palabra escrita su lugar natural. Su vida no responde al tópico de la poeta precoz: estudió Gestión y Administración de Empresas y conoció de primera mano la rutina de oficina, el estrés y el encierro, hasta que entendió que ese no era su sitio. Dejó el traje y cambió los despachos por los parques, a cuyo cuidado se dedicó durante catorce años en las zonas verdes de Madrid, un trabajo físico y silencioso que marcó su mirada y su relación con la naturaleza. Una lesión la obligó a detenerse, y entonces la poesía, su verdadera vocación, ocupó el centro.
Metamorfosis de un cordero nace de ese giro vital: de una vida cotidiana, sin épica aparente, atravesada por la experiencia, la memoria y la necesidad de nombrar lo vivido con honestidad. Comentamos el libro con su autora, María Nové.
El título del libro es llamativo y desconcertante. ¿Cuándo supiste que ese tenía que ser el nombre del poemario?
Desde el principio, aunque me costó explicarlo incluso a la gente más cercana. El cordero representa a esa niña sumisa, inocente, que no se defiende porque no sabe cómo hacerlo. La metamorfosis no es convertirse en otra cosa, sino dejar de aceptar el papel que te asignaron. No es una historia de fuerza, es una historia de conciencia.
El prólogo habla de una «noche oscura del alma» que marca un antes y un después. ¿Este libro nace de una crisis?
Sí, sin duda. A los cuarenta y dos años todo se me vino abajo. O, mejor dicho, todo salió a la superficie: emociones, recuerdos, heridas que habían estado ahí siempre, pero que yo había aprendido a ignorar. La escritura fue una forma de no huir, de quedarme a mirar.
La obra destaca también por su fuerte anclaje socioterritorial: el Vallecas de la autora no es decorado, sino materia poética y política. La estructura en cinco partes acompaña con coherencia el tránsito de la herida al empoderamiento, sin caer en una falsa redención final.
(…)
Cercado por una carretera,
Que no podíamos cruzar,
Una vida próspera
En pisos de siete plantas,
Legos de aquel muro de libertad,
De aquellos chicles de a peseta,
Entrábamos en un mundo civilizado donde el agua de las fuentes
Aparte de para nuestras guerras de agua,
De las que teníamos prohibido beber,
Ya que allí los yonquis,
A veces olvidados,
Limpiaban sus jeringuillas.
(…)
Tu poemario recorre una infancia marcada por la precariedad en ese barrio. ¿Qué peso tiene el contexto social en tu poesía?
Muchísimo. No se puede separar la herida personal del entorno en el que creces. Vallecas no es solo un escenario: es barro, es calles sin asfaltar, es abandono institucional, pero también es comunidad, imaginación y supervivencia. Esa mezcla me atraviesa entera.
Hay poemas especialmente duros sobre violencia sexual. No están escritos desde la metáfora, sino desde la exposición directa. ¿Fue una decisión consciente?
Absolutamente. Durante muchos años el silencio fue impuesto y autoimpuesto. Cuando decidí escribir sobre ello, no quería embellecer nada. No quería que doliera menos. Quería decirlo como fue, con el lenguaje que se me quedó dentro. El pudor, en estos casos, suele proteger más al agresor que a la víctima.
El libro también aborda la identidad sexual y el salir del armario en una sociedad hostil. ¿Es un poemario político?
No en el sentido militante, pero sí en el sentido vital. Contar lo que se ha vivido siendo una niña lesbiana en una España profundamente hipócrita ya es político. No porque quiera dar lecciones, sino porque lo personal, cuando se nombra, deja de ser individual.
La estructura del libro parece un descenso y una posterior reconstrucción. ¿Lo pensaste así desde el inicio?
No de forma intelectual, pero sí emocional. Primero está la herida abierta, luego el caos, después las relaciones que repiten patrones y, finalmente, una cierta calma. No es un final feliz, es un final honesto. Aprender a respetarte no te hace invulnerable, pero sí más cuerda.
María Nové escribe desde la herida sin estetizarla. Su poesía es directa, visceral y honesta, y encuentra en el verso libre el único molde posible para un discurso que nace de la necesidad, no del artificio. Metamorfosis de un cordero destaca por su valentía temática, su coherencia interna y una voz reconocible que no pide permiso ni busca consenso.
Engaño al ojo ajeno
Con una imagen pincelada que no es la mía.
Tan solo unos pocos
Pueden ver
La debilidad de mi existencia.
Hermética, firme, sin mostrar emoción,
Me pierdo entre acordes y melodías,
Donde plasmo en forma de poesía
Aquello que llevo dentro,
Que está a un abismo de lo que muestro.
No sigues métricas ni rimas tradicionales. En el prólogo defiendes la poesía libre casi como una necesidad.
Porque no podía ser de otra manera. Estos poemas no nacieron para encajar en una forma, sino para salir. Son vómitos, arañazos, respiraciones. La técnica vino después, si vino. Aquí manda la verdad emocional, no la corrección formal.
Has trabajado muchos años cuidando parques y plantas. ¿Crees que eso ha influido en tu mirada poética?
Mucho. Cuidar plantas te enseña paciencia, ciclos, aceptación. Entiendes que no todo florece a la vez, que hay heridas que no se cierran, solo se integran. La naturaleza aparece en el libro porque forma parte de mi manera de estar en el mundo.
¿A quién crees que va dirigido Metamorfosis de un cordero?
A personas que no tengan miedo de mirarse. No es un libro cómodo. No busca gustar a todo el mundo. Pero quien haya vivido la culpa, el abandono, el miedo o la necesidad de reconstruirse probablemente se reconocerá en algún verso.
¿Qué te gustaría que quedara en el lector después de cerrar el libro?
La sensación de no estar solo. Y quizá una pregunta incómoda: qué heridas sigo negando. Si el libro sirve para que alguien empiece a escucharse con un poco más de honestidad, habrá merecido la pena.
Metamorfosis de un cordero no es un poemario para todos los lectores, pero sí para quienes buscan una poesía con verdad, memoria y cuerpo. Su fuerza reside precisamente en no suavizar el dolor y en convertir la experiencia personal en un espejo colectivo. Un debut sólido dentro de la poesía autobiográfica contemporánea, con identidad propia y alto potencial de impacto emocional y mediático.
Está publicado por la editorial Azul Cobalto y ya está disponible en librerías.


